Burke

Hare

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Los hechos:

Burke, Robert / Hare, William.
Vampiros de Edimburgo.
Burke, 1792 / Hare, 1806.
Ambos nacidos en Irlanda.
Ambos de clase media-baja.
Ambos con estudios elementales.
Burke, obrero / Hare, posadero.
Íd. anterior.
Asesinato y venta de cadáveres.
Engatusaban a las víctimas y las asfixiaban. Vendían los cuerpos a la ciencia.
Burke fue ejecutado el 28 de enero de 1829 / Hare, cadena perpetua.
Paradójicamente, el cadáver de Burke fue diseccionado en conferencia pública.

Robert Burke, tras separarse de su esposa, llegó a Escocia en 1817 y se contrató como obreró en el Canal Union. En esta época conoció a otra mujer, Helen Dougal, con la que se instaló en Edimburgo en 1827. A poco de llegar a la capital escocesa conoció a un joven posadero, también originario de irlanda, que respondía al nombre de William Hare y que regentaba un local barato de dudosa reputación.

Ocurrió que uno de los sujetos que vivían bajo el techo del ambicioso Hare, un anciano ex-militar, falleció. A pesar de que estaba completamente prohibido traficar con cadáveres y la ley prescribía que todos recibieran cristiana sepultura, Hare decidió ofrecer el cuerpo del viejo a la medicina. En efecto, a pesar de las limitaciones legales, se trataba de una práctica habitual que propició la aparición de todo un ejército de ladrones de cadáveres que inspiraron no pocos relatos a los escritores de la época.

Dicho y hecho, Hare extrajo el cadáver del anciano del ataúd y lo sustituyó por un saco de cortezas a fin de que nadie notase el cambio. Burke, que estaba al tanto de esta transacción, decidió ayudar a su paisano en el traslado. De este modo terminaron en el número 10 de Surgeon Square, a la sazón vivienda del célebre anatomista Robert Knox, quien recibió con sumo agrado el cuerpo dando por él la suculenta cantidad de 7 libras y 10 chelines. No era para menos. En aquel momento, y por obvias razones, conseguir cadáveres frescos para los estudios médicos era una auténtica complicación a menos que se tratase del cuerpo de algún convicto ejecutado pues en este caso las Autoridades no solían poner dificultades. Pero lo más interesante para Burke y Hare fue conocer un dato: Un cadáver en buen estado se pagaba realmente bien pudiéndose conseguir por él hasta 10 libras. Este fue el comienzo de una gran sociedad y, al mismo tiempo, el germen de una terrorífica carrera criminal impulsada por la avaricia.

De tal modo, los Vampiros llegaron a engatusar hasta a quince personas en diez meses. El plan era simple. Las conducían hasta su particular matadero, que en la mayor parte de los casos era la vieja posada de Hare. Allí se les hacía beber hasta perder el sentido y luego eran asfixiados. A continuación sus cuerpos eran trasladados hasta el doctor Knox, quien llegó a pagar hasta 14 libras por alguno de los cuerpos.

El saco de ambos asesinos se rompió en noviembre de 1828, cuando un matrimonio alojado en un cuarto que Burke tenía realquilado en su propia casa, se dirigió a la policía para denunciar que habían podido ver allí un cadáver oculto bajo un montón de heno. El cuerpo resultó ser el de una mujer apellidada Dochersty, y los agentes detuvieron inmediatamente a Burke y su compañera, Helen. Poco después, Hare también era detenido. No se pudo demostrar fehacientemente que Helen Dougal tuviera algo que ver en el macabro negocio y se creyó que guardó silencio por miedo. A pesar de la falta de pruebas [no había cuerpo del delito], Hare decidió confesar cargando todo el peso de la culpa sobre Burke para así salvar la vida. La confesión del joven -que se dijo coaccionado- parecía convincente y nadie dudo de que Robert Burke, siendo el mayor de los dos, habría llevado la voz cantante en el negocio.

Así las cosas, tras un rapidísimo juicio, Robert Burke fue ejecutado por ahorcamiento el 28 de enero de 1828. William Hare, condenado a cadena perpetua y trabajos forzados, fue puesto en libertad con 83 años, pasando sus últimos días en Inglaterra bajo nombre falso. Helen Dougal, milagrosamente, se libró de ser linchada por la turba en varias ocasiones, tuvo que escapar de la ciudad y no se volvió a saber de ella. Tampoco corrió mejor suerte el prometedor doctor Robert Knox, quien huyó de la indignación popular abandonando Edimburgo. Ninguna Universidad británica quiso contar con él debido a su pasado y se tuvo que ganar la vida como cirujano particular. Falleció en Hackney, en 1862.

En 1832 el gobierno británico promulgó el Acta Anatómica, que impedía expresamente la venta de cadáveres para estudios médicos y, asimismo, permitía que las Universidades pudieran acceder a los cuerpos no reclamados por parientes u otros allegados con facilidad.


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