En esta ocasión no tenemos sonidos, sino imágenes del que fue considerado uno de las mayores desastres de la historia de la exploración espacial. El desastre del Challenger (Misión 51-L y vigesimo novena desde el advenimiento de los transbordadores) tuvo lugar el 28 de enero de 1986, y puso a la NASA, cuyos exhorbitantes presupuestos empezaban a verse seriamente discutidos, contra las cuerdas. Hasta aquel día, los estadounidenses estaban tan absolutamente convencidos de la infalibilidad de la Agencia Espacial (nunca, ni en los peores momentos, un astronauta había fallecido durante una misión) que la idea generalizada era la de que cualquiera podría hacer un viaje en lanzadera al espacio exterior sin problema alguno. De hecho, una de las tripulantes del Challenger IV en el día de su aniquilación, Christa McAuliffe, era un sencilla profesora de ciencias sin mayor experiencia dispuesta a impartir clase desde el espacio. Así de grande era la autoconfianza del NASA en sus posibilidades de éxito. Incluso después de la terrible deflagración de la lanzadera, todavía fueron muchos los que creyeron, sin lugar a la duda, que la tripulación debía haber sobrevivido gracias a sus paracaídas y reservas de oxígeno, y que se encontraba en alguna parte del océano esperando a ser rescatada. Pero se trataba de una ilusión colectiva, de la negación de una evidencia intolerable... Para el pueblo norteamericano el desastre del Challenger, recién remodelado y actualizado en aquellos días, significó la quiebra de un mito. La NASA también podía fracasar".
Lanzamiento.
[La nave es lanzada. Todo parece normal].
La explosión.
[Todo continúa desarrollándose con completa normalidad... Pero apenas transcurridos 37 segundos desde la ignición se detecta un ligero problema... 67 segundos después del despeque la lanzadera estalla].
