Fotomontaje a partir de un fotograma de 'Un perro andaluz', de Buñuel y Dalí.

"El Nacimiento de una Nación" [David. W. Griffith]
"El Crimen de Cuenca" [Pilar Miró]
"J.F.K.: Caso Abierto" [Oliver Stone]
"Operación Ogro" [Gillo Pontecorvo]
"La jauría humana" [Arthur Penn]
"Plenilunio" [Imanol Uribe]
"Nueve Reinas" [Fabian Bielinsky]

"Macizas y cachas. El género de Espada y Brujería en el cine"


Cartel original de 'El nacimiento de una nación.
Portada de una de las ediciones en DVD de 'El nacimiento de una nación.

El Nacimiento de una Nación


Director: D. W. Griffith.
Nacionalidad: Estados Unidos [1915].
Guión: D. W. Griffith.
Producción: D. W. Griffith
Intérpretes: Lillian Gish / Mae Marsh / Henry B. Walthall / Miriam Cooper / Mary Alden / Ralph Lewis / George Siegmann / Walter Long / Robert Harron / Wallace Reid / Joseph Henabery.

Antes de analizar esta película hay que detenerse en la comprensión del contexto en el que fue concebida y realizada. En 1.914 Estados Unidos se encuentra en plena ebullición económica y social entretanto Europa se enfrenta a sus viejos fantasmas en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. El nuevo país está a punto de convertirse en la primera potencia del mundo a base de esfuerzo, creatividad y ruptura con muchas de las normas establecidas por y desde las antiguas potencias coloniales. En Estos momentos, el gigante norteamericano es una auténtica tierra de provisión donde cualquiera que quiera trabajar y tenga talento puede llegar a lo más alto. En este panorama, la industria del cine se mueve también a velocidad de vértigo: En apenas diez años el cinematógrafo ha pasado del ámbito de la mera curiosidad científica al terreno de la industria del entretenimiento, y ya se han sentado muchos de sus principios técnicos y artísticos.

En este panorama D.W. Griffith se embarcó en la producción más costosa de todos los tiempos hasta esa fecha y sus números siguen siendo impresionantes: 5.000 escenas diferentes, 1.357 tomas individuales, 18.000 actores y extras, 3.000 caballos y siete meses de producción (por los avances de la tecnología digital, es muy posible que estos dígitos ya no se superen nunca). En el plano artístico, Griffith ya cuenta con casi todos los ingredientes necesarios para elaborar una película en el sentido actual: Se trabaja con secuencias, existe la sucesión de planos cortos y largos así como la alternancia de planos y contraplanos, se superan las limitaciones de espacio y tiempo que imponía el modelo teatral, y etc. En tal sentido, las grandes aportaciones de Griffith con esta película tienen que ver con el entorno narrativo del lenguaje cinematográfico: La división de la historia en diversas historias, tanto sucesivas como paralelas. En definitiva, estamos ante la partida de nacimiento del cine tal y como hoy lo comprendemos.

Con todos estos ingredientes (varios quintales de megalomanía y un montón ingente de dólares) Griffith se decidió a enfrentarse con un tema de enorme trascendencia para sus contemporáneos (no olvidemos que se trata de una película hecha por norteamericanos y para norteamericanos): La aparición del espíritu nacional en los Estados Unidos a partir de la traumática experiencia de la Guerra Civil ocurrida en la década de 1860. De hecho, la historia que propone Griffith es claramente revisionista y no está exenta en ningún caso de contenidos polémicos. Piénsese que el creador era un sujeto ciertamente ultraconservador, y que por tanto eligió contar la historia desde el punto de vista de los vencidos a quienes le unía una gran simpatía ideológica. En el relato se puede entrever que el nuevo nacionalismo estadounidense, como todos los nacionalismos, nace y vive por efecto de la negación de los otros. Estos otros pueden ser los europeos, los negros o todo lo que no sea o se considere “genuinamente americano”. No pocos de los políticos de carnaval que nos asolan debieran entrenerse en visionar este filme y extraer alguna consecuencia práctica (si pueden, o saben).

Y una curiosidad final: El actor que interpreta el papel del asesino de Lincoln -John Wilkes Booth- en la película no es otro que el luego extraordinario director de cine Raoul Walsh.

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Cartel original de 'El Crimen de Cuenca.

El Crimen de Cuenca


Director: Pilar Miró.
Nacionalidad: España [1979].
Guión: Salvador Maldonado / Pilar Miró [basado en hechos reales].
Producción: Incine / Jet Films
Intérpretes:Amparo Soler Leal / Héctor Alterio / Fernando Rey / Daniel Dicenta / José Manuel Cervino / Mary Carrillo / Francisco Casares / Eduardo Calvo.

Excepcional y rigurosa recreación de uno de los relatos más estremecedores y controvertidos de la historia policial y judicial española, así como un tremendo e inmortal alegato contra la tortura que no pocos calificaron de "revanchista" e "inoportuno". Como si la exposición de la verdad y la crítica de la barbarie fueran cosas dependientes de lo "políticamente correcto".

En 1.913, Gregorio Valero Contreras y León Sánchez Gascón, amigos y vecinos de Osa de La Vega (Cuenca) son detenidos como supuestos autores de la muerte de José María Grimaldos López -alias "Cepa"-, pastor de oficio y compañero de los anteriores. Las circunstancias que rodean la desaparición del Cepa son poco claras, pero ni el pueblo ni las fuerzas vivas de la localidad dudan un instante en acusarles del crimen. Incluso la mujer de Gregorio, presionada por la terquedad y el prejuicio de sus convecinos, se ve obligada a reunir pruebas contra ellos. Los dos hombres confesaron el crimen tras ser sometidos a terribles torturas y fueron juzgados en 1.918, en la Audiencia Provincial de Cuenca. Sin embargo, tras modificarse la petición de la pena capital para ambos, se les condenó a dieciocho años de cárcel.

Tras pasar algunos años en prisión y la posterior concesión de un indulto -al fin y al cabo todas las pruebas que había contra ellos eran circunstanciales y no existía cuerpo del delito-, consiguen la libertad. Pero la sorpresa es mayúscula cuando un buen día, el tal José María Grimaldos, que se había marchado del pueblo sin dar cuenta ni razón a nadie de sus andanzas, se entera de lo sucedido y reaparece vivito y coleando en Osa de la Vega para escarnio, mofa, befa y chacota de las Autoridades. Con ello, los dos falsos culpables quedaron completamente rehabilitados de aquel crimen que jamás existió.

La película, valiente y decidida, llegó a las pantallas en el momento complejo de la Transición y tuvo, por ello, graves problemas con la censura. De hecho, su exhibición llegó a estar prohibida durante meses y las protestas públicas en contra del filme de ciertos sectores políticos fueron bastante airadas. Al fin y a la postre, Pilar Miró reconstruyó con suma minuciosidad las torturas de la Guardia Civil, dejando con ello al cuerpo en muy mal -y merecido- lugar: No la hagas, no la temas.

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Cartel original de 'J.F.K.'

J. F. K.: Caso Abierto


Dedicado al gran Frank G. Rubio. "Conspiranóico" oficial del Reino.

Director: Oliver Stone.
Nacionalidad: Estados Unidos [1991].
Guión: Jim Marrs / Jim Garrison [basado en el libro del propio Garrison].
Producción: A. Kitman Ho / Oliver Stone
Intérpretes:Kevin Costner / Tommy Lee Jones / Joe Pesci / Gary Oldman / Kevin Bacon / Rally Kirkland / Laurie Metcalf / Michael Rooker / Beata Pozniak / Jay O. Sanders / Sissy Spacek / Brian Doyle Murray / Jo Anderson / Vincent d'Onofrio / Donald Sutherland.

Controvertida recreación del magnicidio de John Fitzgerald Kennedy a raíz de las investigaciones del fiscal de Nueva Orleans Jim Garrison, el único personaje del sistema judicial estadounidense que presentó cargos contra alguien por el crimen. En la película se mantiene la célebre tesis de la conspiración. En este oscuro complot, tal y como el propio Jim Garrison lo planteó en el libro en el que recogió sus investigaciones, podrían haber intervenido el F.B.I., la C.I.A., e incluso el propio vicepresidente del gabinete Kennedy –luego presidente en funciones- Lyndon B. Johnson. Con ello Stone se hace eco de la idea de que el asesinato no fue en realidad otra cosa que un golpe de estado encubierto.

Rodada en clave documental y con un extraordinario pulso narrativo a pesar de lo extenso del metraje, J.F.K., es una de las películas más provocativas de nuestro tiempo. Sobre todo porque lleva al espectador a plantearse la "maldita" y sugestiva pregunta: ¿Cuánto y por qué nos ocultan quienes nos gobiernan?

Junto a su espectacular éxito mediático y de público (las películas sobre conspiraciones suelen funcionar bastante bien en taquilla, lo cual dice mucho de nuestras propias percepciones acerca de la realidad), las buenas críticas que recibió y los Oscars que obtuvo, J.F.K. desencadenó un maremoto político en los Estados Unidos. El filme tuvo un papel ejemplificador esencial durante el debate nacional que condujo a la aprobación de la Ley de Revelación de Materiales sobre Asesinatos de 1992. En el fondo, este debate era justamente lo que Oliver Stone deseaba propiciar cuando consideró la posibilidad de realizar el filme: "Espero que todo el mundo vea esta película y saque sus propias conclusiones. Es nuestra respuesta al mito de la Comisión Warren, y una oportunidad para que la gente se replantee la historia".

Ideal para todos aquellos que estan "seguros" de que las versiones oficiales casi nunca coinciden con la verdad.

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Cartel original de 'Operación Ogro.

Operación Ogro


Director: Gillo Pontecorvo.
Nacionalidad: España-Italia-Francia [1979].
Guión: Ugo Pirro / Giorgio Arlorio [basado en el libro de Julen Agirre].
Producción: José Samano.
Intérpretes:Gian Maria Volonte / José Sacristán / Ángela Molina / Eusebio Poncela / Saverio Marconi / Fiodor Atkine.

Fue sobre todo en los años setenta y ochenta –en el contexto de un cine vasco politizado como consecuencia de la Transición– que se multiplicaron las películas y libros que reflejaban la situación de la "lucha" vasca. Esta eclosión era lógica, ya que el final de la dictadura invitaba a narrar todo aquello que no había podido contarse desde cierto punto de vista en los años precedentes. Precisamente por ello, abundaron las películas, cortometrajes y textos que ofrecían una visión partidista y favorable a E.T.A.

Diversos cineastas, entre ellos destaca el entonces combativo -y hoy reciclado- Imanol Uribe pues realizó tres largometrajes de este tipo (dos de ellos basados en hechos reales de la historia de ETA: El Proceso de Burgos, La Fuga de Segovia y La Muerte de Mikel), se decidieron a abordar el tema. Incluso películas históricas y de ambiente medievalista como Akelarre, de Pedro Olea, y La Conquista de Albania, de Alfonso Ungría, eran susceptibles de una doble lectura pues en ellas resonaba como telón de fondo el Euskadi de los años ochenta. Y junto con estas producciones reivindicativas ciento por ciento vascas, otros cineastas quisieron dar también su particular visión del terrorismo etarra. Así nos encontramos con la meticulosa reconstrucción del asesinato del almirante Luis Carrero Blanco que llevó a la gran pantalla Gillo Pontecorvo. Hubo otras de menor acierto y entidad como la de José Luis Madrid (Comando Txikia).

Seamos sinceros. El asesinato de Carrero produjo en la oposición antifranquista gran alivio y cierto alborozo en la medida que significaba el acta de defunción de la dictadura. Hubo, incluso, reacciones de intensa admiración por parte de la izquierda hacia aquel comando de E.T.A. que había sido capaz de golpear al moribundo régimen en el mismísimo corazón. Probablemente, esta izquierda aduladora tenía a aquel régimen aislado, presionado internacionalmente y que boqueaba ya como pez fuera del agua, algo sobrevalorado. Pero la verdad es que en aquellos días los etarras no eran todavía considerados por la inmensa mayoría de los españoles como simples asesinos, sino como luchadores por la libertad y guerrilleros contra la tiranía. Para muchos teóricos de la época la guerra de E.T.A. -de aquella E.T.A.- era sensata y tenía un sentido que luego perdería para siempre con el final del franquismo. Esta fue sin duda la razón de que un reconocido izquierdista como Gillo Pontecorvo, baluarte del cine más crítico, controvertido y agresivo para con las posiciones conservadoras del momento, llegara a interesarse por esta difícil historia. Compleja, sí, pero cinematográficamente muy suculenta.

En descargo de Gillo Pontecorvo, debe hacerse constar que la película -aparte de muy bien guionizada y realizada- trata de afrontar la cuestión con mayores dosis de objetividad que la fabuladora literatura abertzale. De hecho, y contrariamente a lo que cabría suponer por la firma del filme, en Operación Ogro no hay ni héroes o villanos: Hay simple reconstrucción de hechos pelados y mondados. Pontecorvo no pierde el tiempo en analizar motivaciones políticas, poner o quitar, perfilar supuestas realidades o entretenerse en herir susceptibilidades. De hecho, la película tiene en determinados momentos cierto aire desapasionado, frío, aséptico, de documental. Al punto de que muy probablemente se trate de la creación menos comprometida políticamente de la filmografía del cineasta italiano.

No obstante, hay quienes todavía pierden el tiempo en considerar que Operación Ogro es una película "sensacionalista", "comunista" o de simple "autobombo"... Seguramente no la han visto o no la han entendido.

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Cartel original de 'La Jauria Humana.

La Jauria Humana


Director: Arthur Penn.
Nacionalidad: Estados Unidos [1966].
Guión: Lillian Hellman [basado en la novela homónima de Horton Foote].
Producción: Sam Spiegel.
Intérpretes: Marlon Brando / Jane Fonda / Robert Redford / E. G. Marshall / Angie Dickinson / Jance Rule / Miriam Hopkins / Martha Hyer / Robert Duvall / Richard Bradford / Henry Hull / Diana Hyland / James Fox.

Bubber Reeves ha logrado escaparse de la cárcel y retorna al hogar. Parece que nunca cometió el crimen que le puso entre rejas, y que todo fue un montaje organizado por los caciques locales a fin de que el hijo del gran prohombre del pueblo -y dueño de casi todo- pudiera mantener placidas relaciones con la apetitosa esposa de Reeves. Con el retorno del fugitivo, muchos temen una furibunda venganza. Así, y a causa de las más variopintas y antiguas razones: Odio, deseo de poder, animadversión hacia el sheriff o simple deseo de hacerse notar a los ojos del gran cacique, una pequeña localidad de la América profunda va a perder por completo el control.

Un Arthur Penn en plena forma, justo antes de dirigir su popular Bonnie and Clyde y ayudado por un espectacular reparto, supo plasmar perfectamente en la pantalla la degradación moral de un pequeño pueblo de Texas (lucha de clases, racistas y xenófobos, envidias, crisis matrimoniales y personales, culto al dinero, hipocresía, crueldad, maldad, arrogancia) y, por extensión, de los Estados Unidos. La población que vive inmersa en esta olla a presión se presta a protagonizar un linchamiento al que solo se opone un hombre: El sheriff Calder. Un tipo de oscuro e inconfesable pasado que tampoco pasa por ser un santo y que debe tanto de sí mismo al dueño del pueblo como todos los demás... Pero que -¡vaya hombre!- aún tiene principios.

La película es feroz, crítica, poderosa y, por supuesto, terriblemente ácida con el modelo del american way of life que comienza a hacer crisis justo en el momento en que fue rodada. Emblemática de los turbulentos años 60. Destaca en ella su novedoso tratamiento descarnado de la violencia y el sexo, lejos de los tapujos y componendas del cine de la época. Tratamiento que la ha llevado a convertirse en un modelo a seguir y que, seguramente, ha obnubilado a aclamados cineastas del presente como Quentin Tarantino.

Indispensable.

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Cartel original de 'Plenilunio.

Plenilunio


Director: Imanol Uribe.
Nacionalidad: España [2000].
Guión: Elvira Lindo [basado en la novela homónima de Antonio Muñoz Molina].
Producción: Andrés Santana.
Intérpretes: Miguel Ángel Solá / Adriana Ozores / Juan Diego Botto / Chete Lera / Charo Lópe< / María Galiana / Noelia Ortega.

Película atípica en el seno del panorama cinematográfico español que trata un tema poco común en la filmografía nacional. Sólo por ello ya merecería el esfuerzo, pero es que a la par se trata de una película muy bien realizada, sólidamente construida a partir de un guión bien trabado y cerrado, que realmente despierta el interés del espectador. Ayuda no poco a que el conjunto funcione la profesionalidad incuestionable de Imanol Uribe y el comedido trabajo del elenco de actores.

El caso es que no deberíamos desvelar mucho de la trama argumental de la película. Digamos tan solo -por el aquel de despertar el gusanillo- que en una pequeña ciudad de provincias castellana, una niña aparece muerta, brutalmente asesinada. El espantoso suceso conmociona al inspector de policia encargado de la investigación, un sujeto procedente de Euskadi, de turbio pasado, que no ha podido soportar la tensión de vivir constantemente amenazado y que no puede, pese a todo, evitar la terrible sensación de haberse traicionado a sí mismo al solicitar el traslado a su puesto actual. Abandonado como perro sin amo, herido por la dolorosa pérdida de su vida familiar, imaginando que capturando al salvaje asesino logrará saldar deudas con el pasado, recorre la ciudad buscando una mirada. Unos ojos entre la gente. La mirada de un asesino en serie.

Al igual que ocurre en la realidad, un suceso brutal no se cierra en sí mismo, sino que provoca graves trastornos y alteraciones en las personas cercanas a las víctimas y al criminal.

Y ya no se puede ir más allá. Hay que verla.

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Cartel original de 'Nueve Reinas.

Nueve Reinas


Director: Fabián Bielinsky.
Nacionalidad: Argentina [2000].
Guión: Fabián Bielinsky.
Producción: Pablo Bossi.
Intérpretes: Ricardo Darin / Gaston Pauls / Leticia Bredice / Elsa Berenguer / Tomas Fonzi.

Delicioso reencuentro con la fábula del cazador cazado, Nueve Reinas narra las peripecias de dos buscavidas bonaerenses, Marcos y Juan, que por azares del destino irán a conocerse para verse envueltos en un negocio multimillonario. Demasiado grande para unos timadores del tres al cuarto. Excesivo para quienes nacen bajo la estrella del perdedor.

Repleta de golpes de efecto y giros inesperados, de final por completo imprevisible, y con una superlativa interpretación de Ricardo Darín, nos encontramos ante una de las producciones referente en el cine sudamericano del cambio de siglo. Un cine que, al fin, resucita tras algunos años de ostracismo en el que vino practicamente a desaparecer de las cuotas de pantalla europeas.

Lo cierto es que se trata de una película excelente, bien acabada, producida con enorme eficacia y que nada tiene que envidiar a otras películas de mayor enjundia pero menor contenido. De hecho, el filme esta lleno de guiños muy efectivos a los clásicos del género que no resultan desapercibidos al espectador y que, contra lo que cabría suponer, se agradecen en estos días de cine mediático y mastodóntico que nos asolan. De hecho, Nueve Reinas tiene una construcción muy similar a la que Hitchkock ideaba para sus tour de force habituales, sin que por ello cometa el error de caer en parodias inaceptables. Lo cierto es que, precisamente, el gran logro -y mejor virtud- de Bielinsky consiste en respetar, mimar y cuidar con exquisita ternura a esos clásicos en los que se apoya para poner en pie su película (seguramente porque los ama). Ni un plano sobra. Ni una línea del consistente guión resulta superflua. Ni un solo recurso al humor facilón empañan esta obra que merece la pena se la mire por donde se la mire y que no se acaba con un sólo visionado.

Magnífica.

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Cartel original de 'Conan, El Bárbaro'.

Cartel original de 'El Señor de las Bestias'.

Cartel original de 'Ator, El Poderoso'.

Cartel original de 'Conan, El Destructor'.

Cartel para el mercado anglosajón de 'Cromwell, Rey de los Bárbaros'.

Cartel original de 'Tygra, Hielo y Fuego'.

Cartel para Alemania de 'Gunan, El Bárbaro'.

Cartel original de 'La Espada Salvaje de Krotar'.

Cartel para el mercado anglosajón de 'La Conquista de la Tierra Perdida'.

Cartel de 'Deathstalker'.

Cartel de 'Hundra'.

Cartel de 'Yor'.

Cartel de 'Barbarian Queen'.

Cartel de 'El Guerrero Rojo'.

Cartel de 'Tunka, El Guerrero'.

Cartel para el mercado anglosajón de de 'Los Bárbaros'.

Cartel de 'Gor'.

Cartel de 'Kull, El Conquistador'.

Carátula de la edición en DVD de la primera temporada de 'Xena, La Princesa Guerrera'.

Cartel de 'El Corazón de El Guerrero'.

Macizas y cachas. El género de Espada y Brujería en el cine

Francis P. Fernández

El género de Espada y Brujería, uno de los más seguidos y cultivados por los frikis de medio mundo primero en novelas y luego en cómics, fue también uno de los grandes paraísos de la serie-b cinematográfica durante dos décadas. Es sorprendente que en raras ocasiones la industria del cine haya devuelto a los incontables fans una sóla pizca de la gran fascinación que el género ha ejercido sobre ellos, convirtiéndolos en legión dispuesta a tragarse –a tragarnos- cualquier cosa siempre que el pastiche de turno cumpliera con los cuatro requisitos elementales de la cosa: mucha sangre; mucho músculo, mucha quincalla y mucha tía buena con poquita ropa. Más sorprendente aún es que estas nefastas películas, en su mayor parte, se vendieran incluso con grandes promociones televisivas. Y no menos paradójico resulta que, a sabiendas de lo intolerables que eran, hiciéramos cola frente a las taquillas o en el video-club de turno para comérnoslas sin rechistar. Bendita inocencia.

En este trabajo, homenaje a mi adolescencia ochentera repleta de cine de barrio y tebeos de la legendaria Vértice, vamos a recorrer pormenorizadamente la era gloriosa del cine de bárbaros.

Dino de Laurentiis eligió 1982 para poner en la calle su superproducción sobre las andanzas de mi buen Conan, el Barbaro. La película, con título homónimo e íntegramente rodada en España, resultaba bastante digna a pesar del insufrible guión de John Milius (a la sazón director del filme) y Oliver Stone. Malo, especialmente, porque traiciona de manera irreversible al personaje tal y como fuera concebido por Robert E. Howard y luego perfectamente adaptado al cómic por el excepcional tandem Roy Thomas-John Buscema. La traición empieza ya con la elección del Conan de la gran pantalla... Un entonces desconocido e inexpresivo Arnold Schwarzenegger (que ya les vale poner a un tipo rubio para interpretar el papel de un sujeto que siempre fue descrito con el pelo negro) cuyo único mérito cinematográfico era el de su prominente musculatura. Tampoco fue un acierto del casting pensar en James Earl Jones para encarnar a Thulsa Doom, pero en este caso, y dada la calidad como actor del buen señor, la cosa quedó pasable. Sin embargo, y a pesar de sus excesos con el cartón piedra, la producción tiene fuste, empaque y además Milius es un director con oficio que supo manejarla. El resultado final fue una película de aventuras bastante digna –y bastante cara- que se vendió a las mil maravillas y resultó en un rotundo taquillazo.

¿Qué ocurrió entonces?

Pues ocurrió que los macarras de la serie-b -a lo largo del mismo año- y buscando taquilla fácil para ir sufragando sus fiascos y poder con ello llenar el puchero, empezaron a meter en pantalla bodrios, subproductos y despropósitos de toda suerte, tamaño y color. Merece la pena entretenerse.

Comencemos por ejemplo con "El señor de las bestias" (Don Coscarelli, 1982). Un refrito potable –de hecho lo mejor que se ha hecho en bajo presupuesto- de Espada y brujería. Contaba con el cachas resultón de Eric Singer (al que todos recordamos de la legendaria serie televisiva "V"), que daba bien y al menos sabía moverse, así como con la maciza de Tanya Roberts para aderezar el guiso y alegrar la vista al espectador. Lo peor, el tigre teñido de negro que acompañaba al protagonista a todas partes y que no hacía gran cosa aparte de quedar bastante ortopédico. Lo sorprendente es que en el cartel promocional se vendía una pantera (una constante del género ha sido, por supuesto, la publicidad manifiestamente engañosa). Pletórica de entretenimiento y recomendable para pasar una buena tarde de sábado. Luego se hizo una secuela mucho más barata, en formato telefilme, en la que el protagonista acababa en Nueva York por vete tu a saber qué razones, que no merece el esfuerzo adivinar a menos, claro, que uno quiera partirse el pecho a reír.

Obviamente, no podían faltar en el elenco bárbaro las macarradas italianas de turno. Empecemos por "Ator el poderoso" (Joe d’Amato, 1982). Con un desconocido mazas llamado Miles O'Keffe (¿quién sabe dónde estará este sujeto?) en el papel estelar. Era mala de narices -lo afirmo porque yo me las tragaba todas toditas- y supone uno de los más graves insultos al séptimo arte que se pueda ver. No obstante, agarraos amigos, a pesar de ello chutó en taquilla a causa de que la fiebre bárbara se encontraba en pleno furor y tuvo una secuela aún peor que la primera (también de d’Amato, alias de Aristide Massaccesi), sin pies ni cabeza, que se estrenó pertinentemente para aprovechar el tirón del estreno de la más que previsible continuación de Conan: "Conan, El Destructor" (Richard Fleischer, 1984). Apuntemos aquí que esta segunda entrega del cimmerio no tiró tan bien como la precedente por varias razones. La primera de ellas es que se trata de una producción mucho más barata y se nota un horror; luego está el hecho de que si el guión de la primera estaba cogido con alfileres, el de esta era ya un disparate insostenible; ocurre, además, que Arnold no había mejorado en su expresividad facial y seguía sin encajar bien en el personaje… Y en cuarto término –y no menos importante- pasaba que con tanta serie-b de baja estofa pululando por las pantallas y los video-clubs el espectador medio estaba bastante mosca con el asunto de la Espada y Brujería y ya se lo pensaba dos veces antes de pasarse por caja. En definitiva, una serie de impedimentos que ni un director reputado y eficaz –aunque en horas bajas- como lo era Fleischer podía sacar adelante dignamente.

Ator, por su parte, cuenta con otras dos versiones que ya pararon directamente en el mercado del video (una de ellas con el protagonista con el pelo perfectamente cortado a cuchilla en un “look” muy ochentero, y la otra incluso sin el propio O’Keffe) y que sólo engañaron a incautos y fanáticos del medio.

El asunto bárbaro, y volvamos a 1982, dio para otra producción rarita y de inexplicable celebridad titulada en España “Cromwell el Rey de los Bárbaros” (Albert Pyun). Como siempre, el título original “The Sword and The Sorcerer” era mucho mejor que el utilizado para su distribución en nuestro país (y que no hay quién se explique, como de costumbre). En este caso se trataba de una película con ciertas ínfulas, en la línea de “El Señor de las Bestias”, pero bastante peor llevada y realizada pese a no estar exenta de algún buen momento. Por no hablar del hecho de que argumentalmente carecía del más mínimo sentido común. A su favor se encuentra el detalle nada desdeñable de que sus productores echaron el resto en postproducción lo cual explica en parte de su notoriedad y lo bien que marchó en taquillas y video-clubs. Los carteles, por ejemplo, eran realmente espectaculares y la banda sonora –que aún se vende- era una copia bastante digna del estilo Poledouris que tanto ayudó al acabado de Conan. Lo peor, el rosario de batallas cutres que se desgrana a lo largo de la película y el sinfín de diálogos para besugos que la jalonan.

La explosión “bárbara” de 1982 dio hasta para una película de dibujos animados, muy maja, de Ralph Bakshi sobre proyectos del gran ilustrador especializado en espada y brujería Frank Frazetta, titulada "Tygra, hielo y fuego" (esta si no la habéis visto, tenéis que hacer el esfuerzo por localizarla). Merece mucho la pena. Más apetecible, desde luego, que otra bordez italiana del mismo año “Gunan el Guerrero” (Franco Prosperi), protagonizada por el inefable Peter McCoy –alias de Pietro Torrisi- que simplemente no hay por dónde cogerla. El mismo McCoy (Torrisi) insistió a finales de año, que ya es tener cara, con “La Espada Salvaje de Krotar” (manifiesto plagio titulero de la revista de cómics homónima), que es una absoluta monstruosidad dirigida por un tal Michael E. Lemick, nombre tras el que se ocultaba algún director sensato que tenía que hacer estas cosas para comer pero se resistía, pese a todo, a ver mancillado el resto de su carrera como cineasta. Su nombre auténtico, porque merece este público escarnio, es Michele Mássimo Tarantini.

Y hubo más. Antes del estreno de "Conan, El Destructor", que pese a su mediocridad vino a reavivar la llama de la barbarie cinematográfica, vio la luz en 1983 otra italianada tremebunda, del maestro del gore Lucio Fulci, que llevaba por título “Conquest”, aunque de cara a su explotación española se difundió como “La Conquista de la Tierra Perdida”. Es obvio que este completo fiasco cinematográfico, probablemente la peor cinta que el cineasta transalpino rodó a lo largo de su carrera (e hizo, pese a su habitual maestría, algunas de terror que rayaban la obscenidad artística), no pasará a la historia del género. La película en sí toca todos los tópicos habituales en la materia, que adereza en su primera mitad con un rosario interminable de escenas gore carentes de todo sentido y que, en su segunda parte, probablemente a causa de la escasez presupuestaria, desaparecen para ser sustituidas por una atmósfera neblinosa y oscura en la que espectador más que ver cosas, las adivina. No es extraño si tenemos en cuenta que se trata de una producción realizada en la cuesta abajo en que se convirtieron los últimos años de la filmografía de Fulci. Invisionable.

También de 1983 es la primera entrega de “Deathstalker” (James Sbardellati). Con una excelente presentación publicitaria a cargo del gran ilustrador Boris Vallejo, se trataba de una coproducción argentino-estadounidense, íntegramente rodada en Argentina, y protagonizada por Rick Hill, que también tuvo su tirón pese a no gozar de mucho predicamento a este lado del Atlántico. En esta historia, y viendo nítidamente la posibilidad de hacer dólares de manera fácil, metió mano el genio de la serie-b, Roger Corman, y se nota en la medida que la película resulta cuando menos potable en términos técnicos (a pesar de las toneladas de cartón piedra, gomaespuma, látex, caretas de Todo a Cien y latón que se emplearon en el rodaje) pues al menos está bien montada. De hecho llegó a funcionar muy bien en el mercado latinoamericano al punto de que vivió tres entregas más, la última de ellas estrenada en 1990 bajo la dirección de Howard R. Cohen. Lo mejor de esta saga es que es un completo cachondeo que rompe con todo y en el que las carcajadas del espectador están plenamente aseguradas, tanto, que hay quien duda de que no se trate en realidad de comedias paródicas. Lo más curioso es que ningún actor quiso repetir en el papel del guerrero cachas de turno –no es extraño- y el rostro del protagonista fue cambiando de una entrega a la siguiente. Para coleccionistas.

Más 1983. Realmente el año que podríamos calificar de megaexplosión bárbara. Y es que también fue el elegido por los productores de “Hundra” (Matt Cimber) para estrenar este proyecto que, mira tú por dónde, no es de lo peor de un género peliculero en el que, claro está, no se puede ser demasiado exigente porque los niveles son los que son. De hecho, ésta se veía y se sigue viendo bastante bien si se la compara con otras. La originalidad de esta producción hispano-estadounidense reside en que el protagonismo, por vez primera, recae en una dama (Laurene Landon). Para justificarlo se recurre a todo ese rollo sobadísimo de las amazonas y tal que en este caso no llega a resultar muy mal. Es interesante –y chocante- ver compartiendo pantalla a Maria Casal, Ramiro Oliveros y Cristina Torres (la Desi del inaguantable “Verano Azul”) con un entonces desconocido Ed Harris. No menos curiosa es su banda sonora, lo mejor del filme, compuesta nada menos que por Ennio Morricone. Atención mitómanos.

Insistamos en 1983 pues también fue el año de “Yor” (Anthony M. Dawson, o sea, Antonio Margheriti). Resulta que ésta, que sí llegó a los cines de medio mundo, no era la primera parte de la historia sino la segunda. De la precedente no se ha tenido noticia (moriría en el mercado del video). Este fraude se vendió como una colosal superproducción que, a la hora de la verdad, defraudaba por completo al tratarse de un nuevo fiasco que, por lo demás, es argumentalmente intolerable. El batiburrillo de CI-FI y Espada y Brujería consiste en que el tal Yor (Reb Brown) es un guerrero que viene del futuro y se queda tirado como una colilla en los tiempos de los dinosaurios. Allá se hace jefe de una tribu (cómo no) y se ve obligado a afrontar mogollón de peligros a golpe de hacha y mandoble. Inaguantable.

Posteriormente, insistiría Roger Corman con los argentinos para producir otra parodia poco conocida de bárbaros, en este caso bárbaras, titulada “Barbarian Queen” (Héctor Olivera, 1985). Aquí se cruzan la espada y brujería con la ficción histórica pues el rollo nefando va de unos romanos que arrasan una aldea bárbara y esclavizan a las mozas lugareñas. La jefa del cotarro, que se llama Amethea y es encarnada por una bastante maciza Lana Clarkson, se pondrá las pilas y entre todas harán montañas con los cadáveres de los romanos que vayan liquidando. También en este caso hubo secuela (titulada muy originalmente “Barbarian Queen II”, Joe Finley, 1989) y que viene a sumarse al desastre de la primera parte como corolario de que el cine malo no suele mejorar con la edad. Añadamos al inventario que la buenorra de Lana Clarkson falleció en 2003 durante una juerga en la mansión del célebre productor discográfico Phil Spector, y en circunstancias que todavía, tras un juicio nulo, no han podido ser del todo aclaradas.

Incluso el reputado Dino de Laurentiis produjo su propio collage bárbaro para exprimir el limón que él mismo había puesto a rodar con el primer Conan. Lamentablemente, tras perder los derechos sobre el personaje y desbaratarse con ello la trilogía sobre sus aventuras que tenía previsto producir, dio un rodeo y se hizo con derechos sobre Red Sonja. Volvió a engañar a Richard Fleischer (quien debía necesitar mucho el dinerito), y rodó con él "El Guerrero Rojo" (1985). Un completo monumento a la publicidad engañosa pues todo el mundo iba al cine creyendo que iba a encontrarse con una de Conan –con un Schwarzenegger estelar en los carteles y todo- y se terminaba encontrando con que no... Que se trataba de otro rollo protagonizado por la entonces neófita Brigitte Nielsen en el que el cimmerio de Howard no aparecía por parte alguna. En todo caso, y comparada con muchas de las películas que he citado a lo largo de este artículo, “Red Sonja” (pues este es su título original) podría ser nominada a los Oscar con entera tranquilidad pues la mano experta de Fleischer es capaz de remendar el fiasco del guión. Aceptable.

Para 1986, la Espada y Brujería nos tenía reservado a los aficionados un ingenuo refrito español titulado “Tunka, El Guerrero” (Dan Barry, 1983). Sí, habéis leído bien. La cinta, en la que el tal Barry (alias de Joaquín Gómez Sáinz), obra nada menos que como director, guionista, productor y protagonista era de tan exigua calidad fílmica que ninguna distribuidora quería apostar ni un duro por ella. Imaginamos que tres graves años de esfuerzos más tarde, Barry logró engañar a alguien con esta parafilia cinematográfica que funde y confunde el género bárbaro con el ambiente postnuclear y, con ello, fusiona a Conan y a Mad Max en el mismo puré. Incluso el argumento es disparatado a más no poder: Tras la guerra nuclear la humanidad a caído en la barbarie (lógico), y los hombres y las mujeres han formado tribus separadas y son enemigos encarnizados (más lógico aún… Yo diría que incluso profético). El bueno de Tunka tratará de reunir a los chicos con las chicas porque así todo es mejor. Es lo que hay. Como detalle final, indicar que esta fue la última película en la que trabajo uno de los fetiches de la serie-b, el actor tinerfeño afincado en los Estados Unidos Tom Hernández, antes de su muerte en 1984.

El filón bárbaro también sería arduamente explotado por los inefables productores israelíes, primos hermanos, Menahem Golan y Yoran Globus. Los propietarios de la célebre Cannon, una de las empresas cinematográficas que mayor cantidad de perlas serie-b llegó a parir, convertirían su proyecto por derecho propio en un icono para los fanáticos de los video-clubs y los cines de sesión continua de medio mundo. Los Globus, que debían odiar a los Lumiere pero adoraban el dinero, se especializaron en subproductos de comedia, acción y aventura para adolescentes histéricos –como un servidor- que los degustábamos sin solución de continuidad sin apenas darnos cuenta de lo rematadamente malos que eran. Hasta 181 películas llegaron a producir a lo largo de las décadas de 1980 y 1990. En su versión bárbara, Golan y Globus produjeron primeramente una salvajada titulada "Los Bárbaros" (Ruggero Deodato, 1987). Los protagonistas eran dos gemelos musculosos y bien depiladitos -hummmm- que se dedicaban a repartir manotazos a todo quisque. Te morías de la risa con tanto descacharro… Lo mejor de esta castaña, por supuesto, son las inconmensurables tías macizas que la adornan por doquier. Graciosa. Sin embargo, los de Cannon advirtieron el peligro inherente a meterse en estas aventuras y decidieron apostar por Chuck Norris, aunque no dudaron en comprar todo el material bárbaro que se puso a su alcance y con el que realizaron una nada gratificante, pero económicamente rentable, tarea de distribución mundial.

Reincidieron los primos de la Cannon, pese a todo, con la innombrable “Gor” (Fritz Kiersch, 1988), otra coproducción con Italia sólo que, en esta ocasión, repleta de rostros célebres en horas muy bajas cuya aparición en pantalla estaba claramente destinada a atraer al público. Lo cierto es que muy mal debían andar tipos como Jack Palance u Oliver Reed para participar en este monumental e infumable disparate cinematográfico que, sencillamente, no hay por dónde cogerlo. Da cierta lástima ver a esta gente que vivió días mejores haciendo tamaño ridículo a cambio de unos tragos y un bocadillo de chorizo. Y, aún así, también se hizo una segunda parte. Aléjense.

Lo más interesante de todo es que el subgénero de espada y brujería, que ha visto revisiones más o menos decentes en el ámbito de la TV y las producciones baratas apoyadas por Sam Raimi o los ínclitos miembros del clan De Laurentiis, -citemos “Kull, El Conquistador” (John Nicolella, 1997), protagonizada por Kevin Sorbo o la teleserie dedicada a la celebérrima “Xena, La princesa Guerrera” que tanto gustó a mis chavales-, murió igual que nació... ¿Alguien se acuerda de qué pasó con tanta barbaridad?

Por supuesto, habrá quien eche de menos en este texto una referencia a "El Corazón del Guerrero" (Daniel Monzón, 2000), una pretenciosidad tan infame como incomprensible –yo todavía sigo preguntándome de qué va exáctamente- procedente de un cine patrio que a veces pierde el tiempo y el dinero en batallas que no le competen y que bien se podrían ahorrar. De ella no hablaré más porque no merece la pena el esfuerzo… y eso que la realizó un crítico de cine. Supongo que se aprendería la lección para los restos.

La cuestión que me sigue suscitando esta larga historia de despropósitos es bien sencilla: ¿Por qué narices resultará tan difícil realizar decéntemente una película de Espada y Brujería?

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