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Los hechos:

Hauptmann, Bruno Richard.
-.
20 de noviembre de 1899.
Kamenz [Sajonia / Alemania].
Clase media-baja.
Mediante ayudas estatales obtuvo formación como carpintero y maquinista.
Carpintero.
Trabajos diversos.
Robo / Secuestro y asesinato del hijo de Charles Lindbergh.
No establecido con claridad.
Silla eléctrica. Se cumplió el 3 de abril de 1936.
Sonrió al conocer la sentencia. Nunca explicó la razón de ello.

A simple vista, puede decirse que Bruno Hauptmann es uno de los resultados de aquella Alemania deprimida y empobrecida que no sólo perdió la Primera Guerra Mundial, sino que también hubo de soportar la humillación moral y económica que supuso el Tratado de Versalles. Como muchos alemanes, Hauptmann se vió abocado al desempleo y la miseria. Como algunos de ellos, decidió paliar su situación delinquiendo. De esta manera se convirtió en ladrón y, tras varios robos pequeños y sin violencia, fue detenido y encarcelado por asaltar la vivienda de un militar.

Tras salir de la cárcel, con ánimo de reconstruir su vida, Bruno Hauptmann emigró a los Estados Unidos, país en el consiguió entrar ilegalmente en 1923. Allí desempeño diversos trabajos hasta que logró una posición estable como carpintero y contrajo matrimonio. Todo parecía indicar que se había reformado con éxito. Sin embargo, y de forma no del todo clara, su destino se cruzaría con el de todo un héroe nacional estadounidense, el célebre piloto Charles Lindbergh, quien había logrado en 1927 el reto de la travesía del Atlántico [Nueva York-París] en un pequeño aparato, el Spirit of St. Louis.

En la noche del 1 de marzo de 1932, el hijo de Lindbergh -de 20 meses- fue secuestrado del hogar familiar en Hopewell. Fue la niñera quien descubrió la falta del bebé cuando echaba un vistazo para comprobar si aún dormía. Alguien había alcanzado la ventana del cuarto del niño con una larga escalera de madera y lo había arrancado de la cuna. En su lugar tan sólo apareció una nota manuscrita en la que se solicitaba un rescate de 50.000 dólares y se daban otras instrucciones accesorias. Lindbergh -entonces coronel- accedió a las exigencias y pagó el rescate con dinero marcado a través del doctor John Condom. El pago se hizo a un enviado de los secuestradores en un lugar ciertamente apropiado para el caso: El cementerio del Bronx. Pero el niño nunca fue entregado. De hecho, apareció diez semanas después, el 12 de mayo, con el cráneo destrozado a escasos siete kilómetros del hogar de los Lindbergh. Probablemente, había fallecido en la misma noche del secuestro.

Las pesquisas policiales no habían cesado desde que el secuestro se produjera, pero tampoco ofrecieron resultado alguno... Hasta que Hauptmann entró en escena. El 10 de septiembre de 1934, el carpintero repostaba combustible en una gasolinera y pagaba con un billete de diez dólares. Uno de los billetes marcados con los que Lindbergh había pagado el rescate. Fue inmediatamente detenido e interrogado acerca de la procedencia del dinero, pero Hauptmann no supo dar razón. De esta manera tan rocambolesca se había convertido en presunto culpable. No sólo. El serial del secuestro Lindbergh había sido tan profusamente seguido por los medios de comunicación que aquel inmigrante ilegal [y de oscuro pasado] se encontró sin comerlo ni beberlo en el ojo de un huracán del que ya no podría salir.

Todas las presuntas pruebas incriminatorias contra Hauptmann [muchas de ellas construidas ex-profeso por una fiscalia poco decente] era circunstanciales y difusas, la defensa del carpintero cometió errores absurdos -y muy criticados- y el hombre fue sometido a un auténtico juicio paralelo en los medios de comunicación. Algunos de los argumentos de la acusación llegaron a ser surrealistas, como la afirmación de que Hauptmann probablemente sea culpable porque es carpintero y puede fabricar una escalera como la utilizada en el secuestro. Todas estas irregularidades flagrantes no impidieron, sin embargo, que se le condenara a muerte. La condena fue ratificada por el gobernador de Nueva Jersey, Hoffmann, sujeto que, como puede comprobarse, no era excesivamente escrupuloso con el peso de las evidencias.

Bruno Hauptmann fue ejecutado en la prisión de Trenton [Nueva Jersey]. Nunca dejó de proclamar su inocencia y, de hecho, es muy probable que no tuviera nada que ver con el asunto. Su memoria no ha sido restituida por lo que, al menos oficialmente, sigue siendo el hombre que secuestro y asesinó al hijo de Charles Lindbergh.


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