William Kidd

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Sentencia:
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Los hechos:

Kidd, William.
Capitán Kidd.
1645.
Escocia.
De cuna respetable.
Medios.
Marino.
Capitán mercante.
Piratería.
Asesinato. Asedio, abordaje y robo de navíos franceses.
Ahorcamiento. Se hizo efectiva el 23 de mayo de 1701.
Nunca fue pirata. Casi todo cuanto se le atribuye es pura invención.

En efecto, pese a ser conocido como uno de los más célebres "piratas" de todos los tiempos, William Kidd jamás ejerció la piratería y era completamente inocente de los cargos por los que fue condenado a muerte. Incluso la acusación de asesinato era infundada en la medida que mató a uno de sus subordinados, sí, pero accidentalmente y en legítima defensa.

Corría 1695, siendo ya Kidd un respetado capitán a título privado, cuando el gobierno británico le invitó a capitanear una expedición para apresar al elevado número de buques piratas que operaban en el Mar Rojo. Dicha expedición contaba con la financiación del Lord Canciller, el primer Lord del Almirantazgo y el Secretario de Estado. El propio monarca habría querido participar de los beneficios de la expedición pero la Corona no se encontraba en aquellos momentos demasiado bien de fondos y hubo de abstenerse de participar en la empresa. Se daba además la circunstancia de que Inglaterra y Francia se encontraban en guerra, por lo que se informó a Kidd de que también podría apresar cuantos barcos franceses se pusieran a su alcance.

William Kidd seleccionó a su tripulación en Nueva York -entonces todavía colonia británica-, pero era perfectamente consciente de los problemas que este tipo de empresas solía acarrear. Habitualmente se concedía como paga a los marineros un seis por ciento de los botines capturados, pero a Kidd se le dijo que sólo podría contar con un cuatro por ciento de los botines para asalariar a sus hombres y esto suponía una grave dificultad. Aún cobrando el máximo, era normal que los marineros se amotinasen, depusieran al capitán, se apropiaran del barco y se dedicaran a la piratería. No podemos olvidar que las tripulaciones contratadas para este trabajo solían componerse de tipos extramadamente duros y violentos. Por lo general criminales, renegados y toda suerte de tipos sin nada que perder. Precisamente por ello, Kidd desoyó el mandato de sus patrones y optó por pagar a sus hombres el seis por ciento establecido como máximo.

Tras hacerse a la mar, las cosas no fueron demasiado bien. El propio Kidd informó de que no se había obtenido mucho durante los primeros meses de expedición y la marinería no estaba demasiado satisfecha. De hecho, los temores de Kidd se hicieron pronto realidad y la tripulación se amotinó. Fue en la represión de este motín que William Kidd, acorralado por un grupo de hombres, lanzó sobre ellos varios barriles uno de los cuales terminó con la vida de uno de ellos. Lo cierto es que el motín fue reprimido con éxito y la expedición continuó.

Poco después, William Kidd capturó dos buques armenios que navegaban con pases franceses, por lo que la captura podía considerarse legal. Sin embargo, los propietarios de las naves expresaron una queja formal al gobierno de Londres, de suerte que en el momento en el que Kidd concluyó con el viaje en Nueva York se encontró acusado de piratería. Conociendo perfectamente los procedimientos, el capitán ocultó parte del botín a fin de tener una base sobre la que concertar su libertad, y mostró a sus captores los pases franceses. Pero, pese a la legitimidad de sus capturas, William Kidd fue cargado de cadenas y enviado a Inglaterra.

Tras dos años de prisión, el capitán fue sometido a juicio. Sorprendentemente, su libro de bitácora había sido adulterado y los pases de los barcos capturados habían desaparecido, con lo cual incluso su explicación de los sucesos del motín fue puesta en entredicho. Finalmente, el tribunal decidió que Kidd era un pirata y un asesino, y que los pases en cuestión nunca habían existido. Fue, por tanto, condenado a muerte por los cargos de asesinato y piratería. Se le colgó en las orillas del Támesis, encerrado en el interior de una jaula, donde su cadáver permaneció como advertencia para futuros piratas hasta bien avanzado su estado de descomposición.

La memoria del Capitán Kidd fue restituida más de doscientos años después gracias a las investigaciones del estadounidense Ralph Paine. Este historiador, miembro del Departamento de Archivos Públicos de Londres, encontró ocultos entre montones de legajos polvorientos los pases franceses que probaban la legitimidad y honradez de las capturas de William Kidd... El pirata que nunca lo fue.


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