Mingolla Gallardo, Juan José.
Pasos Largos.
4 de mayo de 1873.
Venta del Puerto de los Empedrados [Málaga / España].
Hijo de unos venteros. Su padre había sido barbero con anterioridad.
Analfabeto.
Pastoreo / Caza.
Furtiveo.
Bandolerismo.
Salteador de caminos, extorsión de cortijeros, pequeños hurtos y asesinato.
Cadena perpetua de la que fue indultado tras cumplir 15 años.
Veterano de la Guerra de Cuba.
Huérfano de padre desde la mocedad, cuando murió su madre en 1901, ya sin ataduras familiares, Juan José Mingolla decidió dedicarse a lo único que le interesaba: La caza. Mingolla era hombre que llamaba la atención. De pocas palabras, alto, muy delgado, de constitución enjuta y aspecto hosco. Inadaptado y solitario, su única afición consistía en jugar a las cartas.
Practicaba la caza por libre, como en la juventud, antes de ser enviado a Cuba donde pasó tres años, pero las cosas habían cambiado desde entonces. Los propietarios de las fincas guardaban celosamente su caza y gozaban de la protección de la Guardia Civil. Así, lo que él consideraba un oficio, otros lo tenían ya por delito. Pasos Largos -apodo heredado del caminar de su abuelo que en él se había reproducido-, frecuentaba los alrededores del Puerto del Viento, terreno que conocía a la perfección. Varias veces había discutido con los guardas del Cortijo de El Chopo quienes, sin duda forzados por el dueño de aquellas tierras, don José Cantos, dieron cuenta a la Benemérita de las incursiones constantes del furtivo.
El guarda que más contribuyó a su captura se llamaba Pepe, pero le apodaban El Tribulero. El hombre se puso de acuerdo con la Guardia Civil para tender una trampa a Pasos Largos y, efectivamente, fue detenido con su concurso. Yendo el cazador esposado al cuartel de Ronda, los agentes le torturaron tan salvajemente que permaneció cercano a la muerte un mes. Luego le soltaron sin cargos pues debieron pensar sus captores que había aprendido la lección. Pero Pasos Largos era de otra pasta. En el mismo día que salio Mingolla de la celda, el 6 de mayo de 1916, se dirigió al Cortijo de El Chopo, mató al Tribulero y a su hijo -de 35 años-, y se echó al monte para dedicarse al bandidaje.
Tras pasar varios años de esta guisa, fue apresado, sometido a juicio por los crímenes del cortijo y condenado a cadena perpetua. Quince años pasó en diversos penales -Figueras, Puerto de Santa María y Málaga- hasta ser indultado a principios de la década de 1930.
Una vez purgada la condena, cercano a los sesenta años, regresó a Ronda y, de nuevo, se dedicó al furtiveo. No cometió delitos relevantes durante esta época, poco más que pequeños hurtos, pero su fama de bandolero antiguo inspiraba un gran temor a los propietarios y mantenía en vilo a las Autoridades.
Según la versión oficial de la historia -que casi nunca coincide con la popular-, Pasos Largos, el último bandolero andalúz, murió en un tiroteo con la Guardia Civil el 18 de marzo de 1934. Según la creencia popular fue asesinado a traición y entregado su cadáver a la Benemérita.