Afif Ahmed Hamid

Yussuf Nazal

Ahmed Chic Thaa

Jamal Al Gashey

Khalid Jawad

Lattif Afif

Mohammed Safady

Adnan Al Gashey

Autoría:
Procedencia:
Fundación:
Acción:
Sentencia:
Curiosidades:

Los hechos:

Grupo Terrorista Septiembre Negro.
Palestina [facción armada de Al Fatah].
Jordania, 1970.
Secuestro y asesinato de miembros el equipo olímpico israelí [1972].
Los terroristas supervivientes fueron liberados.
El cerebro del golpe, Mohammed Daoud Oudeh, aún vive.

Munich, capital del Estado alemán de Baviera, se había engalanado como nunca para la celebración de los Juegos Olímpicos de 1972. No era para menos teniendo en cuenta que se trataba de la primera gran cita deportiva que Alemania recibía tras la Segunda Guerra Mundial y la caída del régimen nazi. Era, por así decir, la ocasión propicia para que Alemania demostrase al mundo que era un país nuevo, pujante y regenerado. Sin embargo, nadie pudo en su momento imaginar que los XX Juegos Olímpicos de verano se convertirían en el escenario, no solo de una de las más grandes tragedias deportivas de todos los tiempos, sino también de uno de los más célebres y recordados golpes terroristas de la historia.

Hacia las 4:40 de la madrugada del día cinco de septiembre los miembros del equipo israelí dormían placidamente en las instalaciones de la villa olímpica. Durante el día anterior habian estado disfrutando de una entretenida visita a la ciudad y algunos de ellos todavía no habían regresado. A esa misma hora, ocho hombres ataviados con ropa deportiva -armados con pistolas y granadas- saltaban ágilmente la alambrada y se dirigían a los apartamentos ocupados por los hebreos. Nadie detectó la presencia de los extraños en el complejo olímpico.

Moshe Weinberg, entrenador de la selección de lucha se encontraba en el primero de los apartamentos. Aún no dormía y, por ello, detectó un extraño ruido tras la puerta. Luego, vio como empezaba a abrirse muy despacio. Una terrible tragedia iba a desencadenarse.

Weinberg, sin pensarlo dos veces, saltó sobre la puerta entretanto ponía en guardia al resto de los habitantes de la casa. La confusión era total pues nadie sabía qué estaba ocurriendo realmente pero, en medio del jaleo, dos de los atletas israelíes lograron escapar y otros ocho lograron esconderse a los ojos de los agresores. El resto trató de hacerse fuerte en el interior de las viviendas. Fue precisamente en ese momento de gran incertidumbre que Joseph Romano -quien regresaba entonces a la Villa- se convirtió en el primero en morir al recibir un disparo mientras forcejeaba con uno de los asaltantes. El segundo en caer sería el propio Weinberg, pues trató de hacerles cara armado con un simple cuchillo para fruta. Los acontecimientos se precipitaban, y los deportistas asumieron que no era sensato resistirse por más tiempo. De tal modo, los terroristas se hicieron al fin con el control de la situación.

El comando de Septiembre Negro, capitaneado por Luttif Afif, estaba compuesto por Yussuf Nazal, Afif Ahmed Hamid, Khalil Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al Gashey y el sobrino de éste, Jamal Al Gashey. Los deportistas israelíes secuestrados tras la primera refriega fueron David Berger, Ze'ev Friedman, Joseph Gottfreund, Eliezer Halfin, Andrei Schpitzer, Amitsur Shapira, Kahat Shorr, Mark Slavin y Jakob springer. Y las demandas del comando eran las tópicas en este tipo de acciones: La excarcelación de 234 presos palestinos en poder de Israel, la de otros dos palestinos prisioneros en Alemania y, por supuesto, el traslado de todos ellos a un lugar seguro en Egipto. Estas demandas eran innegociables y debían verse satisfechas en un plazo máximo de tres horas.

La autoridades alemanas, desbordadas por la inesperada situación -Alemania era un país que jamás antes había tenido que enfrentarse a esta clase de problemas- comprendieron pronto que aquello iba a tener mala solución. Sobre todo porque la posición del gobierno israelí fue tan contundente como poco esperanzadora: No se negociaría con terroristas. En todo caso la primer ministro de Israel, Golda Meir, ofreció al gobierno alemán el envío de un grupo de operaciones especiales, opción que el canciller Willy Brandt y el ministro del interior, Hans Dietrich Gensher, Rechazaron de plano. Grave error. La policía germana no contaba con el entrenamiento ni la experiencia necesarias lo cual, al cabo, resultaría en nefastas consecuencias.

Inmediatamente comenzaron las negociaciones. Los primeros frutos fueron una ampliación de los plazos, de las tres horas iniciales a cinco. Rápidamente, a las primeras conversaciones emprendidas por el jefe de la policia muniquesa, Alfred Schreiber, se sumaron el jefe de la delegación olímpica de egipcia, Ahmed Touni, y los embajadores de Túnez y Libia. Se ofreció a los terroristas una inmensa cantidad de dinero así como otra serie de concesiones con tal de ganar tiempo al tiempo, pero todos los movimientos se mostraron inútiles y el día transcurría rapidamente. Así, mucho más allá de las cinco horas ofrecidas por los secuestradores, comenzaba a atardecer sobre la ciudad.

Aquello no podía durar eternamente y los terroristas, apremiados por las circunstancias, optaron por buscar una salida exigiendo un avión para El Cairo que tendría que salir desde el aeropuerto internacional de Riem. La policía alemana, deseosa de que los asaltantes abandonaran el apartamento para tener alguna oportunidad, fingieron llegar a un acuerdo y diseñaron a toda prisa un plan para liberar a los rehenes.

A las 22:10 horas de la noche, tres helicópteros recogieron a terroristas y rehenes en la villa olímpica y, contrariamente a lo prometido, alzaron el vuelo en dirección a la base militar de Fürstenfeldbruck. Allí, en una ominosa penumbra, los aparatos tomaron tierra a las 22:30 horas. Un solitario Boeing 727 de Lufthansa esperaba en una de las pistas pero, sin duda, las autoridades alemanas no iban a dejar que Afif y sus subordinados subieran a bordo. Cinco francotiradores habían sido apostados en lugares estratégicos del aeródromo. No eran especialistas y se les había seleccionado por ser aficionados al tiro, deporte que practicaban en su tiempo libre (uno de ellos llegó a afirmar con posterioridad a los hechos que nunca había sido considerado tirador de élite). Se habían solicitado, además, tres tanquetas que tardaron más de media hora en llegar a la base a causa del tráfico. En suma: Aquella inexperta operación de rescate era un completo fiasco.

Los secuestradores, intuyendo quizá que tras aquella inusual oscuridad en la que está sumida la pista no se oculta nada bueno, se lo piensan. Más de media hora después, a las 23:03 horas, dos de ellos saltan a tierra. A continuación, otros dos, acompañados de dos rehenes atados, les siguen. El sexteto pasea hasta el avión, pero descubre el engaño al entender que el aparato está vacío y ni tan siquiera dispuesto para el despegue, de modo que retornan apresuradamente a los helicópteros. A medio camino se da la orden de abrir fuego y el aeródromo es subitamente iluminado con reflectores y bengalas. La descoordinación es completa. Los tiradores, incomunicados entre sí, carentes de rifles de precisión, sin miras telescópicas y desprovistos de lentes de visión nocturna, se limitan a disparar a bulto sobre todo aquello que se mueve. En mitad del desconcierto caen dos de los terroristas entretanto los otros se parapetan tras los helicópteros y abren fuego. Uno de los tiradores es abatido y algunos de los pilotos logran escapar de la refriega, pero los rehenes han sido atados al techo del transporte.

Llega la medianoche. Un megáfono exige a los miembros de Septiembre Negro una rendición incondicional. El silencio se hizo espeso pues todos comprendían que aquel era el momento crucial. Y cuatro minutos después uno de los secuestradores pone pie en tierra y lanza una granada al interior del helicóptero que, tras una cegadora explosión, causa la muerte instantánea del piloto y cuatro de los rehenes. La deflagración no alcanza a los otros aparatos. De uno de ellos saltan dos más de los terroristas y disparan sobre los policías siendo abatidos inmediatamente. Durante este segundo tiroteo muere el resto de los rehenes (no ha quedado esclarecido del todo si a causa del fuego cruzado o a manos de sus captores)... Y los tres secuestadores restantes se entregan. De poco sirvió puesto que habrían de ser liberados poco después en intercambio por los pasajeros de un vuelo secuestrado a la Lufthansa.

La tremenda chapuza hizo a Alemania replantearse sus medidas de respuesta ante esta clase de situaciones, para lo que fundo el grupo de operaciones especiales GSG9, actualmente uno de los mejor equipados y más eficaces del mundo. Israel, por su parte, respondió con un bombardeo masivo de las bases de la OLP en Siria y Líbano (9 de septiembre). Con posterioridad, el Mossad pondría en marcha la operación Cólera de Dios, destinada a cazar -literalmente- a todos los autores materiales e intelectuales del golpe de Munich.


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