Fotografía de la ficha policial de Oswald realizada tras su detención en Dallas.

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Los hechos:

Oswald, Lee Harvey.
-.
18 de octubre de 1939.
Nueva Orleans [Louisiana / EE.UU.].
Clase media.
Medios [no concluídos].
Ninguno.
Bibliotecario / Activista político.
Magnicidio en la figura de John Fitzgerald Kennedy.
Apostado en una ventana, disparó con un rifle al paso de la comitiva presidencial.
Fue asesinado en custodia policial y no llegó a juicio.
Tras licenciarse de los marines, pasó tres años en la Unión Soviética.

El célebre magnicidio de JFK, acaecido en Dallas el día 23 de noviembre de 1963, es un asunto espinoso que continúa sumido en la controversia. ¿Disparó Oswald al presidente de los Estados Unidos? Y, aún en el caso de que lo hiciera, ¿estaba sólo? Lo más probable es que estas preguntas nunca obtengan una respuesta certera en la misma medida que la multitud de pruebas, investigaciones, datos y análisis de que se dispone han convertido el caso en un embrollo. De hecho, el asesinato de John Fitzgerald Kennedy nunca podrá ser resuelto a satisfacción de todas las partes en litigio debido, precisamente, al exceso de información. A estas alturas ya resulta imposible deslindar lo relevante de lo meramente accesorio. Es un laberinto sin salida, sobre todo porque todos los testigos que tenían algo interesante que decir fueron desapareciendo de la escena, misteriosamente, a medida que se iba profundizando en las cuestiones centrales del caso.

Lo cierto es que existen multiples razones para suponer que las cosas no sucedieron tal y como expuso la célebre Comisión Warren. Y el primero en no aceptar esta explicación fue nada menos que el entonces fiscal de Nueva Orleans, Jim Garrison, quien realizó una exhaustiva investigación -posteriormente convertida en libro- que incidió precisamente en los muchos puntos oscuros y contradicciones de la versión oficial. Sea como fuere, el supuesto único asesino de Kennedy según la tortuosa y en muchos casos absurda explicación que se dio oficialmente al crimen, no fue otro que Lee Harvey Oswald, un activista político de dudoso pasado comunista.

Siempre según la versión oficialmente aceptada, en la mañana de autos Oswald se apostó en una de las ventanas de la planta superior del depósito de libros situado en la esquina norte de la Plaza Elm -precisamente el lugar desde el que un tirador mejor dominaría el escenario-, y esperó paciente la llegada de la comitiva presidencial. Desde allí realizaría tres disparos perfectos en nada menos que siete segundos, con un rifle italiano de cerrojo y de no muy buena calidad. Increíble incluso para un tirador de élite entrenado en los marines, donde Oswald pasó tres años entre 1956 y 1959.

Tras haber disparado contra Kennedy -al que literalmente reventó la cabeza-, y haber herido a su acompañante, el gobernador de Texas, Oswald se habría marchado del edificio aprovechando la confusión ocasionada por el atentado.

Las sorpresas de la historia no acaban aquí. En un ejercicio de eficacia policial como no se recuerda en los anales del crimen, tan sólo una hora después de haber asesinado al presidente, la policía ya había localizado al supuesto magnicida en un cine de la ciudad. Hubo un despliegue nada menos que de doscientos agentes para detener a un solo hombre desarmado. Oswald no se resistió a la detención, pero manifestó en multiples ocasiones no conocer los motivos de la misma. Durante los posteriores interrogatorios se declaró inocente y dijo no saber nada acerca de todo aquello en reiteradas ocasiones.

En todo caso, si alguna historia oculta había que descubrir en el posterior juicio, quedó en el olvido pues pocos días después, durante un traslado, Lee Harvey Oswald fue asesinado por Jack Rubi Rubinstein, quien le disparó a quemarropa ante los ojos atónitos del Sheriff Jim leavelle. La archifamosa instantánea del momento dio la vuelta al mundo. Rubi, era propietario de una sala de fiestas y muy probablemente conociese a Oswald con anterioridad a los hechos, pero tampoco pudo hablar de sus motivaciones. Fallecería -muy oportunamente sin duda- poco después en prisión a causa de un cáncer, por lo que no llegó a sentarse en el banquillo de los acusados.

¿Caso cerrado?


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