Hinojosa Corbacho, José María Pelagio.
José María el Tempranillo.
21 de junio de 1805.
Jauja [Sevilla / España].
Familia de jornaleros.
Analfabeto.
Jornalero.
Íd. anterior.
Bandolerismo
Salteador de caminos.
Nunca se le capturó. Fue indultado por Fernando VII.
Su vida se ha convertido en la imagen romántica del bandolerismo andaluz.
Durante la Romería de San Miguel, en la Ermita de los Montes y a causa de una mujer, fue que el joven José María Pelagio se enzarzó en una pelea a navaja que concluyó con la muerte de su oponente. A partir de este momento se convierte en un fuera de la ley y se echa al monte. Algunos imaginaron que pronto sería atrapado pero el muchacho de Jauja, aunque carente de letras, poseía una gran inteligencia natural y supo ir eludiendo a las Autoridades.
Tampoco era El Tempranillo -así apodado por lo pronto que se vio envuelto en el bandidaje- un hombre especialmente dotado en el plano físico, pues apenas si medía cinco palmos. Pero supo aprovechar bien su coraje y su inteligencia, de suerte que pronto formó una partida de bandoleros que se dedicaron al asalto de caminos, así como a la imposición de un tributos a los viajeros. Bien planificados por el cabecilla, los asaltos de la partida se hacían a la luz del día y procurando eludir siempre la violencia. Una característica esta que convirtió de inmediato al Tempranillo y su gente en objeto de los amores del pueblo.
Ayudó no poco a este fervor popular la proverbial generosidad de José María, cuya fama de héroe que robaba a los ricos para entregarlo a los pobres se extendió por toda Andalucía. La riqueza no fue una de sus manías tal y como atestiguó su testamento en el que legó a su único hijo escasas propiedades. De cualquier modo, la pasión que despertaba su figura sirvió para que nunca fuese capturado por más que las Autoridades lo intentasen. Así por ejemplo, el capitán general de Andalucía, Vicente de Quesada, llegó a ofrecer una generosa recompensa de 6.000 reales de vellón a cualquiera que entregase vivo o muerto al bandido, y añadió otros 3.000 por cada miembro de su partida. Pero nadie colaboró. Así, muy pronto la situación se hizo insostenible y las presiones de los hacendados provocaron la intervención del propio rey, Fernando VII, quien entendió que lo mejor para solucionar el problema -y dado que El Tempranillo era un bandido incruento- sería concederle el indulto. Gracia que hizo extensiva a todos los miembros de la banda [alrededor de cuarenta jinetes], con la excepción de uno al que apodaban Veneno.
Dejado atrás el bandidaje, José María y varios de sus hombres deciden ponerse a las órdenes del Marqués de las Amarillas, con la finalidad de perseguir delincuentes y ponerlos a disposición de la justicia. Lo cierto es que esta ocupación le va a durar poco pues encontró la muerte pocos meses después y durante su desempeño.
Ocurrió que el 22 de septiembre de 1833 en el cortijo de Buenavista, cuando El Tempranillo y sus hombres perseguían a unos ladrones, cayó herido de extrema gravedad. Trasladado hasta la cercana población de Alameda y presintiendo la muerte, recibió los pertinentes auxilios espirituales y dictó su última voluntad. Luego, rodeado de sus incondicionales, José María El Tempranillo, el más romántico y querido de los bandoleros, falleció. Resulta curioso señalar que Fernando VII murió tan sólo seis días después del bandido al que hubo concedido el perdón.